Fecha de construcción: Sábado 08 - Domingo 09 de marzo de 2025

INFORMACIÓN SOBRE LA FAMILIA

MADRE: Montserrat

Edad: 42 años

PADRE: Ricardo

Edad: 43 años

Trabajo: fontanero y electricista

Salario semanal: 210 USD

NIÑOS:

Angel - 19 años

Estefani - 18 años

Tavita - 16 años

Elizabeth - 11 años

CARTA DE LA FAMILIA:

Estimado equipo de Casas de Esperanza, quiero enviar un cordial saludo a todo el equipo, cuyos bondadosos corazones transforman y cambian la vida de muchas personas. Mi nombre es Ricardo Orozco Vargas, y me gustaría compartir una parte de mi historia con ustedes. En octubre de 2016, llegué a Tijuana con mi esposa e hijos, sin conocer la ciudad y contando sólo con el apoyo de mi suegra. Ella nos ayudó a rentar una casa remolque, pero el espacio era demasiado pequeño para nuestra familia. Además, el propietario tenía normas estrictas y no admitía niños, sólo parejas sin hijos. Por eso, solo pudimos quedarnos allí un mes. Ante este problema, volví a hablar con mi suegra, que amablemente nos permitió alojarnos en una habitación de su casa mientras buscábamos un lugar más adecuado. Confiando en Dios, empecé a buscar trabajo y encontré empleo en una carnicería, una ocupación con la que estaba familiarizado, ganando 1.500 pesos a la semana. Sin embargo, pronto me di cuenta de que mi sueldo no era suficiente para mantener a mi familia. Un día, mientras trabajaba en la carnicería, atendí a un cliente que buscaba cortes de carne especiales. Durante nuestra conversación, mencionó que necesitaba trabajadores para un proyecto de construcción y que la paga era buena. Me interesé y le pregunté por el trabajo. Me explicó que buscaban fontaneros y electricistas, pero como yo no tenía experiencia en esos campos, me desanimé. Sin embargo, me tranquilizó y me ofreció un trabajo como ayudante de construcción con un sueldo de 1.900 pesos a la semana, lo que me motivó a aceptar la oportunidad. Con el tiempo, compartí mi situación con el dueño del proyecto de construcción. Me escuchó atentamente y me hizo una oferta inesperada: tenía un gran sótano donde guardaba sus herramientas y me dijo que mi familia y yo podríamos alojarnos allí. Agradecida, acepté su generosa oferta y durante varios meses vivimos en ese sótano. Mientras trabajaba en la obra, tuve la oportunidad de aprender fontanería y electricidad, que con el tiempo se convirtieron en mi nueva profesión. Cuando terminó el proyecto, el propietario me pidió que desalojara el sótano, lo que hice con profunda gratitud por el apoyo que me había prestado durante aquel difícil momento. En marzo de 2017, con las habilidades que había adquirido, decidí trabajar de forma independiente como fontanero y electricista, lo que considero una gran bendición de Dios. Con Su ayuda y el apoyo de mi suegra, pudimos alquilar una vivienda digna para mi esposa y mis hijos. A día de hoy, sigo trabajando en esta profesión, que me ha permitido salir adelante. Algún tiempo después, mientras hacía un trabajo de fontanería para un cliente, me di cuenta de que se había hecho construir una casa preciosa. Sorprendido, le pregunté cómo la había conseguido, y fue entonces cuando me habló de Casas de Esperanza. Por eso quiero expresar mi profunda gratitud y admiración por el increíble trabajo que hacéis, llevando esperanza a tantas familias. Que Dios os bendiga abundantemente. Os envío a todos un fuerte abrazo. Esto no es un adiós sino un "hasta luego".

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